Antes que nosotros, estaban las flores

Bahidorá dura un fin de semana; la vida vegetal de Las Estacas tiene otros tiempos y es una de las características más afortunadas de nuestro festival. Por eso decidimos hacer una breve búsqueda de flores hermosas que aparecen a la orilla del río de Las Estacas.


 

Las flores funcionan perfectamente como metáfora de vida en comunidad, alrededor de ellas hay abejas, mariposas, murciélagos, aves, semillas, agua, hongos y otras plantas que cohabitan el lugar. Representan una manera muy hermosa de hablar de interdependencia.

Las Estacas es interesante porque ahí se encuentran selva baja caducifolia, bosque de galería y vegetación acuática/subacuática, así que sus flores pueden ser muy distintas entre sí. Seleccionamos 4 especies de flores para empezar a hablar sobre la belleza natural de Las Estacas:

Cazahuate — Ipomoea wolcottiana

Es un árbol nativo de México de la familia de las campanillas, con flores blancas grandes y muy visibles. El cazahuate está registrado específicamente como parte de la flora de Las Estacas.


Pochote — Ceiba aesculifolia

Otra especie registrada en Las Estacas y característica de la selva baja caducifolia. Sus flores son grandes y claras, y además pertenece al género Ceiba, que tiene una carga cultural enorme en Mesoamérica.


Botoncillo — Acmella oppositifolia

Está documentada directamente en un estudio científico sobre la flora acuática de Las Estacas, donde aparece además entre las especies más distribuidas y abundantes en los márgenes acuáticos.
Tiene pequeñas cabezas florales amarillas. No es la flor espectacular que uno pondría en un ramo, y precisamente por eso me gusta: la flor que normalmente no vemos.


Ludwigia — Ludwigia octovalvis

También está registrada directamente en la Reserva, creciendo como planta emergente asociada a los ecosistemas acuáticos. Produce flores amarillas de cuatro pétalos.

 

Fuentes de fotos: @naturalista.mx y enciclovida.mx.

Bahidorá y la utopía del baile

Un festival puede ser algo más que una comunidad temporal construida alrededor del baile.

Es un ensayo: durante unas horas ponemos a prueba otras maneras de habitar el cuerpo, el tiempo, el espacio y a los demás.

 


 

En este texto no intentamos explicar qué es un rave históricamente o cual es el significado literal de una fiesta en la naturaleza, esa información ya está contada de distintas maneras. Aquí, queremos preguntarnos qué vivimos y aprendemos en esta práctica: reunirse alrededor de la música, bailar durante horas y producir temporalmente otro tipo de espacio social.

Así que a partir de varios textos como el libro Raving de Mckenzie Wark o Delirio: cultura Rave en México de Raquel Ortiz García, así como de nuestra propia historia de baile en Bahidorá, hicimos una constelación de conceptos que habitan la pista de baile a lado del río:


Colectividad

Ravear es hacer algo con otros. La pista produce una forma extraña de comunidad: podemos compartir una experiencia intensamente sin conocernos, sin hablar y sin necesariamente volver a encontrarnos. 

Cuidado

Agua compartida, preguntar “¿estás bien?”, hacer espacio, acompañar a alguien, respetar un no, avisar de un peligro. El rave y el baile unido demuestran que:

La libertad colectiva necesita estructuras de cuidado.

Anonimato

Durante unas horas podemos dejar de ser profesión, currículum, perfil, seguidores, familia, reputación. En la jungla del baile, importa menos quién eres afuera. Hay libertad en no tener que ser alguien todo el tiempo.

Libertad

El rave crea un espacio excepcional donde ciertas reglas de la vida cotidiana se suspenden o renegocian. Pero aquí hay algo interesante: la libertad de la pista nunca es completamente individual. Mi libertad depende de permitir la tuya.

Corporalidad

Vivimos muchísimo tiempo dentro de la cabeza. Ravear devuelve el conocimiento al cuerpo. Entender a través del ritmo, el cansancio, la repetición, el sudor, el bajo, la proximidad. Hay cosas que el cuerpo entiende antes de que podamos nombrarlas.

Transformación

La pista permite ensayar versiones distintas de nosotros mismos. Vestirse diferente, moverse diferente, desear diferente, relacionarse diferente. No necesariamente porque al amanecer “nos convirtamos” en otra persona, sino porque descubrimos que la identidad puede ser menos rígida de lo que parecía.

Experimentación

El rave es un laboratorio social. Música nueva, tecnologías nuevas, estéticas nuevas, sexualidades, maneras de vestir, formas de comunidad. Muchas cosas pueden probarse temporalmente antes de encontrar un lugar en la cultura más amplia.

Apropiación

Una bodega, un estacionamiento, un bosque o un terreno vacío pueden convertirse durante unas horas en otra cosa. Ravear demuestra que el significado de un espacio no está completamente determinado por quien lo diseñó. Los cuerpos y las actividades pueden reescribirlo.

Temporalidad

La noche altera el reloj. Bailar hasta que sale el sol rompe momentáneamente con el tiempo organizado alrededor de trabajar, producir, consumir y dormir para volver a trabajar. Durante unas horas existe otro tiempo.

Improductividad positiva

Me gusta incluso separarla de temporalidad. Bailar durante ocho horas no “sirve” para nada. No produce necesariamente una obra, un salario o un resultado. Y precisamente ahí está su potencia: hacer algo porque hacerlo produce placer.

Repetición

El loop es fundamental. La música rave no necesita avanzar narrativamente todo el tiempo. Repetir puede producir diferencia: después de escuchar el mismo patrón durante cinco minutos, ya no lo escuchamos igual. Hay algo casi meditativo ahí.

Pertenencia

Y paradójicamente, después de hablar de anonimato y desindividualización, aparece esto: sentirse parte. No necesariamente de una institución, una nación o una identidad, sino de algo mucho más frágil: estas personas, en este lugar, esta noche.

Temporalidad

Todo esto termina. Se hará lunes. Se apaga el soundsystem. El espacio vuelve a ser estacionamiento, bosque, club o bodega. La comunidad desaparece. Y quizá parte de su valor está precisamente en que:

no necesita durar para haber sido real.

Personas bailando en Bahidorá